¡El Centro Vlady es abierto!

Vlady: Artista, Rebelde, Revolucionario
Susan Weissman

Es un honor para mí estar aquí para celebrar la inauguración y apertura del Centro Vlady. Quiero agradecer el trabajo de todos que hicieron posible este magnifico espacio, especialmente el gran amigo de Vlady, Claudio Albertani y su equipo, Carlos Diaz, sobrino de Vlady e Isabel, y la Universidad Autónoma de la Ciudad de Mexico. Aquí podrán conocer la obra artística de Vlady, sus notables pinturas, litografías, (grabados), retratos, su uso del color, la forma en que el arte de Vlady se fusionó con su política, y viceversa.

Como escribe la periodista Dora Luz Haw en el periódico Reforma de hoy abrir este centro implica comenzar y -esperamos- ganar "una batalla estética, política y filosófica." Creo que la guerra, para seguir la metáfora, se ganará cuando Vlady será reconocido como unos de los pintores mas grandes del siglo XX. Puedo decir esto (con mi poca formación artistica) por haber visto su obra a lado de la obra de Orozco, Rivera y Sigueiros en Bellas Artes, y ver no solo la belleza, sino el poder de la obra de Vlady.

Me gustaría contarles un poco de mi amigo Vlady. Sin él yo no hubiera podido llevar a cabo la obra que hice sobre su padre, Victor Serge. Vlady compartió su tiempo, su hogar, el archivo de su padre conmigo, sus recuerdos personales y mucho más. También estimuló mi sensibilidad por el arte, poco desarrollado hasta entonces. Con su hospitalidad, Vlady e Isabel me trataron muy afectivamente en numerosas ocasiones. Compartieron conmigo los recuerdos de Victor Serge y también los de la infancia y la adolescencia de Vlady -- sus exilios y aventuras.

Vlady Kibalchich, aunque nació en Petrogrado en junio de 1920, y murió en julio de 2005, fue propiamente un hijo el siglo XX.

Para Vlady, "creador subversivo y critico del poder", segun La Jornada, el arte era resistencia y sus temas eran la revolución y la libertad. Este artista ruso-mexicano, fue tildado de hereje y rebelde, porque transformaba su rebelión en formas artísticas. Aunque pintaba con las formas renacentistas y los colores venecianos, todo lo que hacía era revolucionario. Su arte, su vida cotidiana, sus escritos llamaban a la revolución social, a la revolución cultural, a la revolución de la materia, a la revolución de los colores.

Vlady perteneció al mundo pero forma parte del tesoro nacional de México. Con la inauguración de este centro, podemos afirmar que por fin se reconoce su contribución a México y a su cultura. La batalla si se comenzó.

Vlady vivió 64 años en México, pero siempre vestía la típica camisa campesina rusa, y su cabellera terminaba en una larga cola, cubierta por una gorra de obrero. Mientras su padre, el novelista e historiador revolucionario anarco-bolchevique Victor Serge, era indiscutiblemente más belga-francés que ruso, Vlady era considerado ruso, aunque su verdadera nacionalidad era la revolución.

Su vida fue un reflejo de la historia política de la Unión Soviética: nacido en la guerra civil, fue hijo de la oposición, del gulag y de la derrota. Solía decir que comprendía al nacionalismo y que por esa misma razón lo detestaba. Su maestra fue la historia en la que había vivido y participado; sus amigos, la generación de revolucionarios que lo rodeaban; en su gran mayoría, autodidactas de gran cultura. A menudo decía que su generación se hallaba en vías de extinción. Él era uno de los últimos eslabones, y para un diario mexicano, "el último bolchevique".

Para comprender por qué se lo consideraba a Vlady "el último bolchevique, para comprender cómo fue que Vlady llegó a ser el artista de la resistencia y el artista que desafiaba al poder con sus obras, deberíamos primero saber algo de su padre. Vlady vivió en la órbita trazada por la vida y las luchas de Victor Serge, que eran las luchas del siglo XX.

Serge fue uno de los grandes escritores-pensadores-activistas de la clase obrera del siglo XX. Era un hombre de una extraordinaria dedicación y esperanza; perteneció a la generación derrotada de revolucionarios que resistieron al estalinismo, rechazaron al capitalismo y fueron marginados por la historia. Al mencionar a Serge invocamos la expresión poética y activa de toda una era. Era parte de los marxistas revolucionarios que rehusaron rendirse a la contrarrevolución estalinista y que lucharon para que sus ideas escaparan al intento de Stalin de exterminarlas. A Serge se lo ha llamado el poeta, el periodista y el historiador de la Oposición de Izquierda, y yo agregaría que también era su indestructible conciencia. Vlady era verdaderamente su hijo, el receptor de la sensibilidad, las esperanzas y los ideales de su padre; alguien que combinó a la perfección la pasión política con la expresión artística.

Víctor Serge era un trabajador, un militante, un intelectual, un internacionalista por experiencia y convicción, además de un inquebrantable optimista. Vivió entre 1890 y 1947. Tomó parte en tres revoluciones, pasó una década en cautiverio, publicó más de treinta libros y dejó miles de páginas de obras inéditas. Había nacido en un exilio [Bélgica], y murió en otro [México], y militó políticamente en siete países. Pasó su vida en la oposición política. Serge se opuso al capitalismo -primero como anarquista, luego como bolchevique. Se opuso a las prácticas antidemocráticas del bolchevismo y luego se opuso a Stalin desde la Oposición de Izquierda. Discutió con Trotsky desde dentro de la izquierda anti-estalinista; y se opuso al fascismo, así como a la guerra fría del capitalismo como un impenitente marxista revolucionario.

Fue novelista e historiador revolucionario. Aunque todavía es poco conocido en la ex-Unión Soviética, fue uno de los observadores más lúcidos de sus primeros acontecimientos políticos, relatando en sus numerosas obras la brutal desviación de los ideales de la revolución de 1917.

La experiencia política de Serge lo condujo a no renunciar al socialismo cuando Stalin había triunfado sino a incorporarle una declaración de derechos humanos, enriqueciendo los ideales socialistas. Se opuso al sistema de partido único, declarando que ya en 1918 y nuevamente en 1923 un gobierno de coalición, aunque cargado de peligros, habría sido menos peligroso del que resultó bajo la dictadura de Stalin, del secretariado y de la policía secreta.

Sus propuestas de reforma económica incluían la "democracia obrera" y un "comunismo asociativo" en lugar de los "planes" rígidos, verticales y anti-democráticos. Para quien quiera tener una idea de la atmósfera de los años veinte y treinta en la Unión Soviética y el movimiento comunista, es indispensable acudir a la lectura de la obra de Serge y él explicó los dilemas de los años cuarenta en forma clara y directa.

Las colecciones políticas de Serge son muy importantes debido a que reflejan muy fielmente el estado de animo de esta generación perdida. Serge es interesante porque atravesó la experiencia del estalinismo y demandó un replanteamiento y renovación del pensamiento socialista, que incluyera el énfasis en la libertad y en el humanismo.

Nunca abandonó sus esperanzas, a pesar de la traición y la derrota, la prisión y el exilio. Fue uno de los "héroes olvidados de un siglo corrupto" y el "amante más ardiente y la conciencia indestructible de la Revolución."

Su optimismo, que mantuvo a pesar de las derrotas que presenció y vivió, era notable y era difícil no impresionarse, "ante la diferencia que puede ser hecha por un individuo intransigente." Aun cuando Serge casi había desaparecido de la vida pública, su voz acecha como un persistente recordatorio de la decadencia política de la gran revolución.

El pensaba que la muerte de la revolución había sido auto-infligida por la reaccionaria tiranía en que se dejó caer, un proceso que Serge luchó incansablemente por comprender. El poeta ruso Yevgeny Yevtushenko escribió que Serge "se permitió un lujo muy peligroso: avergonzarse por la cara inhumana de su amada revolución, y fue castigado por ello." La vergüenza y el castigo de Serge lo fueron por su insistente esperanza y atención a la vitalidad irreprimible de la naturaleza humana individual. Yevtushenko escribió que,

"En 1968 cuando me estaba preparando para una lectura de poemas en México, mis amigos mexicanos me prestaron la máquina de escribir de Víctor Serge. Mis dedos casi se congelaron cuando a cada golpe del teclado despertaban tantos fantasmas del pasado…"

Fue Vlady quien prestó a Yevtushenko la máquina de Serge. Vlady era en ese momento la encarnación viviente de los fantasmas del pasado que Yevtushenko percibía con cada golpe a medida que tipeaba.

Trotsky una vez acusó a Serge de tener el temperamento de un poeta o artista. Esto era mucho más cierto en el caso de Vlady. Como su padre, era un autodidacta. Los maestros de Serge fueron los anarco-populistas rusos en el exilio a raíz del asesinato del Zar Alejandro II; sus padres eran parte del grupo Naródnaia Volia y su tío fue ejecutado por su participación en el mismo atentado. Los maestros de Vlady fueron los bolcheviques de la oposición de izquierda, enviados a la deportación interna en Orenburg, cerca de la frontera entre Rusia y Asia. Vlady durante un tiempo había ido a la escuela secundaria, pero fue expulsado, entre otros pecados, por afirmar que en Francia había sindicatos libres.

Su madre, Liuba Russokova, era la taquígrafa (stenógrafa) de Lenín, quien era un huésped frecuente en el departamento de la familia Serge, en el famoso Hotel Astoria de Petrogrado. Vlady gustaba de contar que cuando era bebé, Lenín lo encontró una vez gateando y desnudo. El líder revolucionario lo levantó cariñosamente, para ser sorpresivamente empapado por el tibio chorro de la orina de Vlady. Según fuera su audiencia, solía modificar el relato, llegando entonces a exclamar: "¡me cagué en Lenín!".

El Astoria se hallaba a unas cuadras del Hermitage, o Palacio de Invierno, donde Vlady solía ir cuando se escapaba del colegio, al que consideraba aburrido. Ese museo cambió su vida: era su refugio y pasaba incontables horas copiando a los artistas del Renacimiento.

Vlady afirmaba que su casa estaba llena del fuego de la revolución, de relatos de sacrificio, represión, muerte, y pogromos, narrados en muchos idiomas y culturas. Creció en Leningrado, Berlín, Viena, Orenburg, Bruselas, París y Marsella. En 1921 Serge fue enviado por el Komintern a Alemania, y participó en la revolución de 1923; luego residió en Austria hasta 1925. El primer idioma de Vlady fue el alemán, pero pronto lo olvidó. Se hallaba más a gusto con el ruso, el francés y luego el español.

Su primer acto trotskista fue a los siete años, cuando rescató un retrato de Trotsky de entre las botas de los agentes de la G.P.U. que saqueaban el departamento, cuando arrestaron a su padre.

Ya era un adolescente cuando acompañó a su padre al Gulag del exilio interno. A su madre, Liuba, la trastornó la persecución estalinista y quedó internada en un hospital de Leningrado. En Orenburg, padre e hijo casi murieron de hambre y de frío. Sobrevivieron gracias a los paquetes de alimentos y el dinero proveniente de la venta de las novelas de Serge en Francia. En una ocasión, Magdeleine Paz le envió harina, azúcar, arroz y aceitunas. El padre le dio una de éstas, y Vlady la dividió entre sus compañeros de escuela, quienes jamás habían visto ese fruto.

Para el adolescente, el arte era el refugio y la resistencia ante el nudo corredizo cada vez más asfixiante del estalinismo, la detención de su padre y la progresiva locura de su madre.

En abril de 1936, Serge y su familia fueron expulsados de la Unión Soviética, pocos meses antes de que Stalin comenzara los juicios que culminarían en el gran terror. Fueron prácticamente los únicos que se salvaron entre sus camaradas. Serge, su esposa Liuba, la bebé Jeannine y Vlady fueron primero a Bélgica y luego a Paris, mientras las nubes de la tormenta fascista oscurecían Europa.

En Paris Vlady entró en contacto con los pintores y poetas surrealistas. Junto a su padre, se adhirió al POUM (el partido marxista obrero anti-estalinista que fue masacrado por los estalinistas y los fascistas en la guerra civil española de 1936-39).

Cuando París caía en manos del ejército alemán, padre e hijo se dirigían a Marsella, abarrotada de refugiados en busca de una visa para escapar de la pesadilla. La madre había recaido en la locura y fue internada en una institución en Aix-en-Provence.

La bebé quedó temporalmente con unos amigos en Dordogne. En Marsella Serge compartió con Varian Fry, Mary-Jayne Gold, Andre Bretón y otros surrealistas en una hermosa villa apodada "chateau espere-visa". Vlady, el joven marxista apasionado del grupo, desarrolló su talento empresarial, recolectando frutas secas y nueces y transformándolas en panecillos frutados para vender, y así conseguir comida. Mientras su padre escribía El caso del camarada Tulayev, y Andre Bretón Fata Morgana, Vlady dibujaba incansablemente.

Serge y su hijo finalmente se embarcaron con rumbo a México (EE. UU. rehusó dar una visa al bolchevique Serge). En el barco, Vlady leía El ABC del marxismo de Bujarin y Preobrazhensky, que el padre arrojó airadamente al mar, diciéndole que era el momento de estudiar un manual de español.

En México Vlady fue parte de un grupo de exiliados, en su mayoría provenientes de la guerra civil española. Conoció a su esposa, Isabel Díaz Fabela. El mismo año en que se casaron, 1947, falleció su padre. En 1949, Vlady se naturalizó ciudadano mexicano. Viajó y pintó incansablemente durante los siguientes 20 años. Estuvo en París en 1966, y en Nueva York en 1968, gracias a una beca de la Fundación Guggenheim. Era considerado parte de la escuela del "nuevo muralismo mexicano", junto a Orozco, Rivera y Siqueiros, aunque finalmente reaccionó contra el sesgo nacionalista de las obras de los tres, y pasó a dirigir el "movimiento de ruptura".

En 1986 Vlady me llevó a una exhibición de su obra en el Bellas Artes. Su gigantesco retrato, pintado y repintado durante años, del emperador persa Xerxes, colgaba en el museo como testimonio del absurdo del poder absoluto autocrático. Alrededor del grotesco Xerxes (un cíclope en la pintura de Vlady) había diminutos soldados, tratando de cumplir su orden de azotar al mar por haberse tragado su flota.

Por desgracia, al día siguiente los trabajadores del museo entraron en huelga. Un piquete de huelguistas impedía la entrada. Vlady me dijo en tono sarcástico: "¡si los trabajadores sólo comprendieran el contenido y el mensaje de la obra que están impidiendo ver!" Le parecía incomprensible que los obreros hicieran huelga justo cuando él, el artista revolucionario intransigente, finalmente había logrado una exposición y que ello ilustraba el estado de la conciencia de la clase obrera en México.

En 1989 viajamos con Vlady a Rusia. Era la primera vez que volvía en 53 años, y lo hacíamos en los días de la glasnost y la perestroika para presionar por la rehabilitación de Trotsky y Serge. Tenerlo como nuestro guía turístico fue como pasear por los años treinta. Hablaba un ruso hermoso y caminábamos por las calles familiares de su juventud, deteniéndonos en los museos y también en la infame Lubianka . Cuando vio el Kremlin, notó que estaba pintado de amarillo, "el color de la cobardía". Frente al Manezh (museo de arte) Vlady imaginaba una exposición de su obra, un sueño de toda su vida que finalmente se realizó en julio de 2005, el mes de su muerte.

Me gustaría contarles un poco sobre cómo fue estar en Rusia con Vlady. Yo había sido invitada a ir a la entonces Unión Soviética como parte de una delegación de trotskistas que iban a presionar por la rehabilitación de Trotsky. Insistí en que se incorporara al proyecto la rehabilitación de Víctor Serge y que Vlady fuera parte de la delegación. Comencé a recaudar dinero para que Vlady pudiera viajar. Escribí a todos los que pensaba que podrían simpatizar con la obra de Serge, incluyendo a Irving Howe, quien había escrito artículos y reseñas. Hubo gente que me advirtió que Howe no era generoso y que estaba perdiendo mi tiempo. Pero le dije que se trataba del primer viaje de regreso a Rusia de Vlady, y Howe pagó su donación.

Vlady llegó varios días más tarde que yo y en el hotel habían confundido su reserva, de modo que cuando arribó luego de un largo y cansado vuelo, le dijeron que no era posible conseguir habitación. Vlady estaba exhausto, acumulando adrenalina y sin comer, pero muy feliz de estar allí. Discutimos con la gerencia del hotel para tratar de que Vlady tuviera la habitación que habíamos reservado. La famosa burocracia era intolerante y se rehusaba. Les dije que era el hijo de Víctor Serge, de vuelta in Moscú de tantos años. Nada - Nunca habían oído hablar de Víctor Serge. Entonces sucedieron dos cosas: Vlady consiguió que la embajada mexicana se implicara, y dijo que su nombre era Kibalchich. "Ah, por supuesto, tenemos una habitación para el pariente de Nikolai Kibalchich, ¿porqué no lo dijo así?" ¡Y además le sirvieron una suculenta comida! (Nikolai Kibalchich es el tío abuelo de Vlady, quien fue ejecutado por su participación en el asesinato del zar Alejandro II.)

Vlady era un hombre que gesticulaba mucho cuando hablaba. Isabel temía que Vlady podría perder su dinero en el viaje y había cosido el dinero en el forro de su chaqueta y en las mangas de su ropa. Sin embargo, cuando Vlady empezó a hablar y a mover los brazos, el dinero se cayó al suelo.

Nos encontramos con la prima de Vlady, Irina Gogua, quien había sobrevivido luego de 21 años en el peor campo de concentración de Stalin, en el helado norte de Rusia, acusada de ser trotskista, y estar asociada con los mencheviques. Había sido transferida desde Vorkuta, el campo reservado para los trotskistas, a Ukhta - un campo con un régimen estricto, para los "sin esperanza", lo que significaba que quien entraba allí no sobreviviría. A la edad de 84 era todavía notablemente bella, elegante, culta y vivaz. Estaba emocionada por el reencuentro con Vlady. No se habían visto en 57 años. Al principio Vlady estaba reticente y frío, pero ella lo recibió tan cálidamente que pronto ambos quebraron el hielo. Ella nos contó su dramática historia, nos mostró las fotos familiares, y le aclaró a Vlady algunos misterios sobre las relaciones familiares, y qué les sucedió a miembros de la familia durante las purgas. Falleció pocos meses después de nuestra partida.

En una reunión pública en la casa de los escritores, convocada para discutir la rehabilitación de Trotsky (fue en marzo de 1989, cuando tenían lugar las primeras elecciones semi-libres de la Unión Soviética), varios familiares de oposicionistas de izquierda se acercaron a Vlady para presentarse. Era extraño y conmovedor ver este grupo de hijos de héroes de la revolución que habían sido convertidos durante décadas por el estalinismo en enemigos e indeseables.

Cuando Vlady subió al podio para hablar - en un hermoso ruso -las más de 500 personas que llenaban el hall cayeron en silencio. Vlady informó y entretuvo a la audiencia y ésta se enamoró de él. Habló sobre su padre, sobre lo que significaba Trotsky para él, sobre la perestroika y el movimiento obrero, y sobre el socialismo. Criticó a Lenin, lo que todavía era un tema tabú: todos hablaban sobre las barbaridades la Guerra Civil, pero pretendían que Lenin había estado ausente. Vlady preguntó, "¿Dónde estaba Lenin? Leyendo novelas francesas?" Estaba en su mejor momento; un momento histórico hecho a su medida.

En 1990, en la inauguración oficial del Museo Trotsky aquí en el D. F., Vlady habló sobre lo que significaba estar en México con su padre en el lugar donde había sido asesinado Trotsky. Cuando estuvo en la casa de Trotsky junto a su padre, Vlady dijo: "la sentimos como el centro de un laberinto en expansión centrífuga. Y no es casual que esto sucediera en México pues México acogió a derrotados de muchas batallas históricas, y ahora se confirma hasta que punto solo fueron trágicos momentos de reflujos y resacas ... Y continuó, "la verdad no existe, sólo hay interpretaciones, cuyas diversidades dan medida de la libertad creativa del hombre. En la inocencia del devenir se cometen muchos crímenes, pero también, la sangre, destila espíritu, y mejora al hombre.

Vlady finalizó con una evaluación de la situación política presente en términos característicos y poéticos: "Les digo con profunda convicción y sopesando las palabras: la espiritualidad revolucionaria, socialista, anticapitalista y libertaria, sale de sus catacumbas para sanear errores-horrores, que tantas veces empantanaron y desviaron el destino de la humanidad, porque el perfeccionamiento del genero humano sucede entre indigentes, y mientras éstos sean mayoría, tiñen con su insuficiencia su propia causa. Luego citó a su padre, Víctor Serge, en su novela El Caso Tulayev "Hemos vivido en el filo de una fosa oscura; estamos en vísperas de un nuevo ciclo de tormentas y eso oscurece las conciencias. La brújula se aloca cuando la tempestad se acerca." Y prosiguió, "No hay otra espiritualidad que dar sentido a la vida humana. ¡Lo demás es poesía!"

En 1987 Vlady nos comentó que él y su padre vivieron "en la cola del cometa Trotsky". Pertenecía a una generación excepcional que pensó con claridad, y luchó tenazmente, pero fue derrotada. Tenía una generosidad espiritual e intelectual, era un artista y un revolucionario hasta la médula; se rehusó siempre a todo tipo de componendas o acomodos que eran moneda corriente en los amplios círculos de poetas, políticos, escritores, artistas y jerarcas. Tenía ese tipo de energía que hace increíble a su muerte: simplemente, parecía inmortal.

(Traducción: Francisco T. Sobrino).

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