E L E S T U D I O
El triunfo del arte: en su taller-biblioteca de Cuernavaca, Vlady se enfrenta a los demonios del siglo XX.
A 1.500 metros de altitud el trópico parece una eterna primavera. El taller de Vlady está ubicado en las alturas que dominan la ciudad, oculto en un edén de flores, cactus multicolores, palmeras y plantas arborescentes que dejan caer verdes lianas.
En el centro del taller se encuentra la obra en la que está trabajando. Ahí pintó a la joven revolucionaria enmascarada: la imagen de la Inocencia, a la vez víctima y triunfante. En ese mismo lugar se yergue el retrato de cuerpo entero del obispo de Chiapas Samuel Ruiz. En el fondo, con sus ocho metros de altura, el cuadro de la locura de Jerjes mandando azotar a las olas de un mar indiferente domina el espacio. Un andamio le permite a Vlady subir hasta la obra gigante, nunca acabada, para añadirle una pincelada de color, una capa de barniz. Desde su inmovilidad, una prensa para grabados parece esperar una mano inspirada. En un rincón cerca del ventanal están el despacho y los libros, muchos libros: de Nietzsche, Malraux, Élie Faure, Jacob Burckhardt, de su querido Charles Andler y, naturalmente, obras de Victor Serge en francés, español, ruso, inglés. Por la ventana se ve un busto de Trotsky.
En medio de semejante mezcla de felicidad apaciguada y de tumulto intelectual, Vlady se enfrenta a los demonios del siglo XX, los ensalza o los fulmina, vuelve a la carga para transfigurarlos una vez más.