FALLECIÓ VLADY, UN CREADOR SUBVERSIVO Y CRÍTICO DEL PODER

La Jornada - Viernes 22 de julio de 2005

 

 

 
Después de una larga convalecencia debida a una enfermedad terminal, ayer, aproximadamente a las 19:10 horas, en su casa de Cuernavaca y a la edad de 85 años, falleció Vlady, el reconocido pintor de origen ruso que llegó a México en 1943.

Poco después de las 21 horas, el cuerpo del pintor, una de cuyas últimas obras fue un retrato al óleo de gran formato del obispo Samuel Ruiz, fue trasladado a una funeraria de la capital morelense, en la calle Domingo Díez 203, colonia El Empleado.

Cerca del medio día, la titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA), Sari Bermúdez, deberá estar en Cuernavaca para asistir a las exequias de Vlady, nacido en 1920 y cuyos restos deberán ser cremados hoy, en una hora aún no fijada.

Según el CNCA, Bermúdez anunciará ahí un homenaje al pintor naturalizado mexicano en 1949, luego de conversar con familiares del artista, como su esposa Isabel y su sobrino Carlos Díaz, entre otros.

Vlady fue hijo de Víctor Serge, reconocido pensador, escritor y revolucionario cercano a León Trotsky que, por lo mismo, tuvo que salir exiliado de la ex URSS perseguido por el régimen estalinista. ''Era una época en la que la revolución perdía, no ganaba. El siglo XX se caracteriza por la crueldad y la tragedia de las revoluciones. Y yo viví este drama con mucha conciencia y claridad''.

Arte y revolución
La obra de Vlady evoca las grandes revoluciones de la historia mundial. Su arte se plantea como una interrogación, una subversión, una crítica del poder siempre ilegítimo de los poderosos.

''Desde joven intuí que la revolución en este periodo estaba en mala situación. Había que hacerla de todos modos, sí, pero se hacían mal y resultaba a veces peor. En Rusia, desde que dejó de ser una revolución internacional para convertirse en una revolución nacional, se ahorcó. Un imperio nacional aislado en el que la cultura no fue llevada a la liberación del alma. Habrá otras revoluciones porque no hay otros caminos para la transformación, pero esperemos que no sean tan violentas'', manifestó en alguna ocasión a La Jornada.

Vlady siempre se propuso hacer pintura de acuerdo con la tradición de los grandes pintores del siglo XV hacia atrás. Para él debía volverse a fórmulas pasadas, como la espiritualidad religiosa, el pensamiento, la poesía, la intelectualización mediante la interiorización o la alquimia.

''Uno de los aspectos que más temo en la vida del pintor moderno actual es que se venda a la comercialidad. La filosofía, la mentalidad que mueve a todo el mundo es el comercio. Es una forma de convivir y de explotarnos o ayudarnos mutuamente.

''Pero el arte no puede someterse a esta ley, por más que el artista tenga que vivir. El vive para pintar, no pinta para vivir. Esta es una lección que aprendí de muy joven, a los 17 años, de Van Gogh, y es la que me impulsó a hacer la vida de pintor y poco a poco ir abandonando la vida de la militancia revolucionaria, en la que nací y, de manera natural, tuve que asumir.''

Enseñar a hacer buena pintura
En mayo del año pasado, Vlady decidió donar 4 mil 600 obras de su autoría al pueblo de México por medio del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

La primera etapa de la donación consistió en 500 trabajos, entre dibujos, acuarelas, mixtas, tintas, litografías, aguadas, aguafuertes, carbones, temples, entre otras técnicas.

Respecto de ese acto de generosidad, Vlady expresó: ''Estamos hechos de sublimidades y de cobardías. Tenemos 4 mil 600 cosas. ¿Qué hacemos con ellas? En última instancia las hubiera mandado a la academia de Rusia, pero no les corresponde. Tienen que estar aquí. Inventé, es una tendencia mía, aquí hay que enseñar a hacer buena pintura. Entonces, creo que pueden bailar su show todavía aquí''.

El INBA había planeado para 2006 una gran retrospectiva de la obra de Vlady en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Pero, en diciembre de 2004 se montó la exposición Vlady. Trayectorias para un autorretrato en el Museo Nacional de la Estampa.

El Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas iniciará un proyecto académico sobre la obra de Vladimir Kibalchich (San Petersburgo, 1920).

Fabiola Palapa y Arturo Jimenez


 
 

Vlady siempre mantuvo una postura combativa en su obra; despiden amigos y familiares al artista ruso


La Jornada Morelos - 23.07.2005

 
 

CUERNAVACA, MOR. Como una gran pérdida fue calificado el fallecimiento de Vladimir Kibalchich Rusakov, conocido como Vlady, que tuvo lugar en esta ciudad el jueves pasado por la noche –a causa de un padecimiento crónico–, aseguraron diversas personalidades del ámbito cultural del país, ayer viernes durante las exequias. Al funeral asistieron, entre otros, Sari Bermúdez, presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (Conaculta), así como Saúl Juárez, director del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), quienes anunciaron la realización de un magno homenaje en memoria del artista para el mes de abril del próximo año, en la capital del país.

Amigo de políticos destacados como el recién fallecido Adolfo Aguilar Zínser y Cuauhtémoc Cárdenas, con quienes compartía largas charlas de filosofía, Vlady encontró en México un lugar para realizar su creación. Como muestra quedan los murales que pintó en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada, de la Secretaría de Hacienda, titulada La Triada apasionada, integrada por las obras La mano martirizante de la vieja fe rusa, La pasión comunista y Una cabeza autosuficiente, en las que se aprecia el pensamiento que ha influenciado su obra.

Vlady, que este año cumpliría los 85 años de edad, nació en la antigua ciudad de Petrogrado, hoy San Petersburgo, en el año de 1920; llegando a México en 1941 para integrarse a la cultura mexicana. Sin dejar de lado sus raíces rusas y europeas; en el año de 1949 se naturaliza mexicano. La obra de Vlady se caracterizó por un dominio del dibujo y una especial preocupación por la técnica; su vida en México se ubicó en torno del arte nacional, participando desde 1945 en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Influyeron en Vlady los intelectuales que conoció desde su infancia, como los escritores Panit Istrati, Pilniak, Maximiliano Voloshin, André Bretón y sobre todo su padre, Víctor Serge, hombre de espíritu y notable autor ruso francés.

En 1974, inició el proyecto de las pinturas murales de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada; estas obras, que cubren una superficie aproximada de 2 mil metros cuadrados, decoran la antigua iglesia y la sección que es conocida como la capilla Freudiana , debido al tema de las obras de esa parte del edificio.

En 1986 se realizó una gran exposición en el museo del Palacio de Bellas Artes, que tuvo por título Vlady, exposición metodológica. En 1987 pinta los murales en el Palacio Nacional de la Revolución, en Managua, Nicaragua; mientras que en 1989 se presentó la muestra Vlady de diferentes épocas, en el Jardín Borda de Cuernavaca, Morelos. Cabe señalar que parte del legado que recibió el INBA se exhibió en el Museo Nacional de la Estampa, bajo el título Trayectoria para un autorretrato, en los primeros meses de este año.

Carlos Díaz, sobrino, impresor y colaborador del artista, señaló que más de 4 mil obras se donarán a Bellas Artes, las cuales ya se encuentran inventariadas, además de 15 mil dibujos en 246 cuadernos y cerca de 7 mil grabados, los cuales se enviarán a diferentes partes del mundo, según fue la última voluntad del artista. Carlos Díaz agregó que Vlady fue uno de los principales seguidores de la pintura de Tziano. Como colaborador de sus murales, Carlos Díaz asegura que fueron cinco años muy intensos, donde Vlady dio muestras de su carácter y de su don de transmisión del saber, sobre todo cuando repasaban textos que eran de su interés, mientras se aseguraba de que los leyera, si no en ese momento, al día siguiente.

A su vez, Claudio Albertani, historiador y catedrático de la Universidad Autónoma de la ciudad de México, se refirió a Vlady como un pintor completo, que gustaba de la pintura clásica, flamenca, pero también un pintor de la revolución socialista. “En el año de 1941, llegó a México en compañía de su padre Víctor Serge, donde tuvo un encuentro importante con el muralismo mexicano, con su amigo Diego Rivera, introduciendo elementos universales a este importante movimiento plástico”.

El historiador calificó a Vlady como “hijo de las revoluciones derrotadas del siglo XX, un pintor surrealista, subversivo, admirador del renacimiento italiano. Vlady fue un grabador, escritor; en suma, un artista completo, que gustaba del retrato y del paisaje; aunque el arte abstracto no era de su particular interés”.

Por su parte, Saúl Juárez, director del INBA, señaló que Vlady vino a México para realizar una labor importante, que se conjuntó en una de las grandes obras del país; “con una ideología y una estética revolucionaria, Vlady mantuvo siempre una postura combativa que se reflejó en toda su obra plástica”.

El titular del INBA anunció que se realizará una magna exposición en abril del próximo año en las salas principales del Palacio de Bellas Artes, con parte de la obra que donó recientemente. “Su gran apego por nuestro país lo llevó en mayo del año pasado a donar 500 obras, la primera parte de un total de 4 mil 600, al INBA; como una forma de agradecimiento al pueblo de México que lo recibió con los brazos abiertos”.

Saúl Juárez agregó que “su pérdida es irreparable. Vlady fue un artista ejemplar; como testigo y protagonista de los grandes acontecimientos del siglo XX, su obra siempre estuvo marcada por la congruencia entre su vida y sus anhelos libertarios, en la construcción de un mundo mejor para todos, era un humanista en el sentido más cabal de la palabra”.

En su momento, Vlady señaló que la donación que realizaba al INBA era una “primera entrega, porque he decidido legar las obras que he realizado a lo largo de más de 50 años al pueblo de México, a través de un instituto que ha sabido conservar y difundir las creaciones de los grandes artistas”.

Asimismo, en mayo de 2004, Vlady expresó que “he llegado a un tiempo donde mi reflexión sobre el pasado me permite ver de dónde procedo y a dónde voy; e intentar responder las preguntas que todos nos hemos hecho en la vida; así, puedo afirmar que pintar ha significado dejar una huella donde se puede leer quién soy. Al donar mi patrimonio, tengo la seguridad de que esa huella será perdurable”.

Durante la ceremonia de entrega de las obras donadas, Saúl Juárez indicó que este legado “enriquece los acervos del instituto y lo compromete con la conservación, difusión y estudio de su obra. Recibimos una donación que podemos calificar de ejemplar, ya que tanto Vlady como su esposa Isabel han decidido que el mejor destino para su obra sean los museos del país que lo alentó y que permitió una trayectoria singular e imprescindible”. Las obras, que ya forman parte del acervo del INBA, fueron inventariadas y catalogadas por el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble, mientras que el Museo Nacional de la Estampa será el depositario de parte de ese legado.

A principios del mes de julio, en una ceremonia de carácter privado que se llevó a cabo en su domicilio de Cuernavaca, por lo avanzado de su enfermedad, el INBA le entregó a Vlady la Medalla Conmemorativa del Palacio de Bellas Artes, en reconocimiento a su brillante trayectoria como artista plástico.

Sari Bermúdez, presidenta de Conaculta, arribó poco después del mediodía a la funeraria en donde se velaban los restos de Vlady para dar el pésame a su viuda y sus familiares. En entrevista, Sari Bermúdez expresó su pesar por la pérdida del artista, a quien calificó como “un gran mexicano, que adoptó este país como propio”; mientras recordaba que desde hace cinco años mantenía una relación de amistad muy cercana con el pintor y su esposa; “lo vamos a recordar siempre por su obra, que legó al pueblo de México”, agregó.

José Martínez Cruz, dirigente de la Comisión Independiente de Derechos Humanos, recordó una anécdota que Vlady contaba en los congresos del Partido Revolucionario de los Trabajadores, cuando se ufanaba de haber sido el único hombre que se orinó sobre Lenin, cuando éste lo cargaba en brazos; para luego citar una de las frases favoritas del artista: “El arte es un compromiso, es revolucionario, y no puede desligarse de la vida de los pueblos”.

Mientras que Alberto Vadas Kuhn, director de La Tallera, Museo Casa Estudio de David Alfaro Siqueiros, consideró que es lamentable la pérdida de un gran amigo, un pintor y un pensador; “lo recuerdo mucho por sus discusiones con Ricardo Garibay, en las reuniones que sostenían junto con otros intelectuales”.

Los restos del pintor, muralista y grabador ruso fueron cremados ayer a las 18:00 horas y las cenizas se depositarán hoy en el Parque Nasser Memorial, de Cuernavaca, Morelos; con la presencia de amigos y familiares cercanos. Al artista le sobreviven su esposa Isabel y su sobrino Carlos Díaz.

Jorge Sifuentes Cañas

 

 
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